Pequeños cuentos de Shunsuke: 4

Acompañó en cierta ocasión el joven Nizen al sabio Shunsuke a visitar una aldea en la que estaba invitado a pronunciar unas enseñanzas.

Los habitantes de la aldea, con sus autoridades al frente, recibieron al anciano maestro con gran reverencia y ceremonia y les acompañaron a una gran estancia que había construida en madera en el centro de la aldea. Allí, habían dispuesto un gran banquete, con abundancia y variedad de manjares de todos los colores, en deferencia sin duda al visitante.

El sabio tomó asiento, hizo una agradecida reverencia mientras sonreía a los aldeanos, y tomó delicadamente con dos dedos una pequeña uva, que comió saboreándola con los ojos cerrados. Al terminar, sonrió a sus anfitriones y dijo “deliciosa, gracias”.

Nizen, incómodo por la parquedad de la comida que el anciano había tomado, le susurró al oido:

- Maestro, estas pobres gentes han hecho un gran esfuerzo para ofreceros éste agasajo. ¡Los ofenderéis tomando tan solo una modesta uva!

- Joven Nizen, ellos me han ofrecido de corazón lo mejor que tienen, y con ello deberían de sentirse contentos, y yo agradecido y satisfecho con ellos. Y yo he tomado lo que deseo comer, no lo que ellos desean que yo coman, y con eso debo yo sentirme satisfecho y ellos satisfacerse conmigo. Pues no es obligando al otro a no ser él como le agasajas sino dándole lo mejor de tí mismo y alegrándote con su satisfacción, no con la tuya

- Comprendo, sabio Shunsuke, gracias

Namaste

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