Manifiesto de las Organizaciones Gandhi

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Manifiesto de las Organizaciones Gandhi

 

La Historia de la Humanidad es un largo camino de progreso y evolución en busca del último sentido trascendente, jalonado de soluciones a las necesidades primarias. El individuo y el colectivo social se han ido conformando entorno a ese péndulo que oscila entre el hambre física y el hambre espiritual.

 

Ya desde hace milenios la Humanidad tiene sentido de lo trascendente, afronta dilemas morales, se dota de acuerdos, explora todas las dimensiones del Ser y concede importancia vital a las preguntas eternas y a sus posibles respuestas. Y abre caminos, casi siempre rodeados de admiración, a las luces del yo espiritual: la generosidad verdadera, la compasión y el sacrificio en aras del otro o de lo común, la virtud, la honestidad, la humildad o la paciencia.

 

Al mismo tiempo, genera soluciones a la frágil intendencia del yo físico temporal, al hambre, al frío, a la enfermedad. Y, también, a las grietas del no menos delicado yo mental: la necesidad de estima, la falta de autoestima, el miedo y la incertidumbre, el egocentrismo, o la carencia de sabiduría.

 

Imperfectos como somos, no damos con el punto justo de equilibrio entre ambas dimensiones, la trascendente y la temporal, y oscilamos fuertemente entre ellas. Por cada gran avance que hacemos, damos un gran paso atrás. Por cada nueva era del conocimiento hay un doloroso episodio de oscuridad.

 

Pero la componente final que resulta de ambas fuerzas ha sido siempre, hasta ahora, un lento pero continuado avance hacia la luz. Avance que no puede ocultar ni todo el camino que aún nos queda por delante ni toda la espesura que dejamos atrás. La perspectiva y el aprendizaje.

 

¿Qué ha construido dicho avance permanente, si es visto con distancia secular? A menudo, la irrupción de personas notables que galvanizaron un latente sentir colectivo. Otras veces, las menos notorias pero las más frecuentes, fueron extendidos consensos sociales que cristalizan a través de los medios de que progresivamente nos dotamos para ello. En todos los casos, la suma de la convicción y la acción personal y la social.

 

Y nada indica que dichos poderosos elementos estén en retirada, sino más bien que se ven crecientemente fortalecidos por la lenta evolución personal, el tenue aprendizaje histórico y la suma de cada vez más extensos y poderosos medios de toma de conciencia y actuación colectiva.

Es en esa oscilación entre la imperfección y la luz que también las organizaciones humanas, y sus liderazgos, se han movido, no pudiendo ser ajenas al delicado balance entre nuestras limitaciones y nuestras capacidades. Y, de entre ellas, las organizaciones económicas y quienes las lideran han sido con frecuencia una muestra de cómo el ser humano cae con facilidad en su torpeza aunque su Ser le pida que desarrolle su grandeza.

 

Los siglos recientes han visto nacer las mayores innovaciones y la más creciente abundancia de recursos, en su mayor parte motivadas por el bien colectivo. Pero hemos vivido también el frecuente error de poner el interés personal por encima del social hasta el límite de la aberración. Hasta el límite de instalarse en la sociedad la impresión de que no es compatible un liderazgo empresarial con un bien común, que lo que es bueno para el directivo en busca del legítimo beneficio, es opuesto al interés de quienes le rodean.

 

Tan incierto es eso como obvio que se están hundiendo las organizaciones construidas sobre el paradigma del beneficio ante todo y del interés personal primando sobre los valores y el interés colectivo. Que lo falso y lo insano se quiebre es solo cosa de tiempo, como así está siendo.

 

Varias dimensiones hay en la explicación de que esto ocurra: la Esfera Personal, la del Talento y la del Mercado. Y una única y sólida explicación: que la fuerza de la esencia del Ser personal y colectivo es a la larga más poderosa que la temporal energía que nuestras debilidades puedan mover.

 

En la Esfera Personal, los individuos deseamos tender a una unidad coherente con nuestros valores y aspiraciones más elevadas cuando actuamos en todos nuestro diversos roles. Como familiares, padres, amigos, ciudadanos, profesionales o líderes, en cualquiera de los roles que ejercemos en momentos diversos de nuestra vida deseamos tender a sentir que lo hacemos de forma uniformemente alineada con nuestros ideales.

 

No conseguirlo plenamente siempre no significa que no aspiremos a ello, y esa constante y a menudo subterránea pero poderosa aspiración es la que, sumada en el tiempo y en lo colectivo, genera una tendencia hacia que todo lo humano se rija por ella.

 

Y las organizaciones económicas también, pues son ecosistemas en los que las personas, y dicha aspiración vital de coherencia con los valores elevados, tienen la mayor de las incidencias. Así, las personas, en sus roles de líderes, de directivos, de trabajadores, pero también de proveedores o de clientes, desean que las empresas funcionen en armonía con dichos elevados valores personales y colectivos. Y tienden hacia ello. Cada vez hay más líderes empresariales que declaran y demuestran que no solamente ven compatible el beneficio con los valores sino que son sinérgicos, deseables, se refuerzan entre si y que, juntos, constituyen la base del nuevo paradigma de las nuevas organizaciones del futuro.

 

Una realidad creciente, además, conforme el progreso empresarial iguala cada vez más a las compañías por el lado de los recursos físicos (capital, maquinaria, mano de obra no cualificada, insumos) y las desequilibra por el diferenciador recurso al talento. Es, pues, la Esfera del Talento, el actual y creciente factor disruptivo en la productividad, la competitividad, la diferenciación y la generación de valor sostenido en las organizaciones.

 

Y es un hecho comprobado y en tendencia ascendente, que el talento humano es crecientemente exigente en cuanto a la alineación de sus valores personales más elevados, con el bien común, el bien personal, y la organización en la que trabaja. Este deseo, del que varios estudios señalan que está entre las prioridades de las personas de talento ante su desarrollo profesional, se traduce en que entre sus demandas laborales ya no está únicamente la salarial sino que las empresas que desean atraer y retener talento deben de ofrecer complementariamente una dirección por valores, oportunidades de incidir desde el trabajo en mejoras en la sociedad, una cultura corporativa alineada con la ética y el compromiso, y una forma de gestionar sostenible social y medioambientalmente. Y, agrupando el talento, los equipos de alto rendimiento valoran sustancialmente el hecho de estar desarrollando su actividad dentro de organizaciones que se rigen por dichos criterios.

 

Si ampliamos el zoom, habiendo pasado de la Esfera Personal a la del Talento y a los equipos, y abarcamos la totalidad del ecosistema en el que la empresa se inscribe, el Mercado, vemos que la tendencia clara es coherente con las anteriores. Así, un consumidor crecientemente informado, consciente y exigente, demanda a las organizaciones que le sirven que toda su cadena de producción de valor esté regida por los mismos principios éticos y valores a los que él, como persona, aspira: respeto a los derechos humanos y animales, sostenibilidad medioambiental, producción limpia, natural, respetuosa, y valora también elementos como el compromiso social, la transparencia, o el aprovisionamiento cercano.

 

Cada vez más proveedores, a su vez, ofertan insumos producidos con esas mismas reglas de juego y valoran que sus clientes les favorezcan, en un círculo virtuoso productivo que nos beneficia a todos. Un efecto que alcanza poco a poco a todas las esferas del aprovisionamiento, incluyendo los servicios, y también a las autoridades, que crecientemente legislan a favor de un funcionamiento de las organizaciones económicas que no agreda al bien común y primando a quienes lo favorecen.

 

Todo esto es, como hemos señalado, una tendencia y un proceso, en el que si sacamos la foto actual veremos todavía muchas zonas de sombra, pero que si visionamos la película desde el pasado podremos apreciar muchos significativos avances: los valores personales y colectivos ganan peso en las decisiones, motivaciones y formas de actuar y de regir en las organizaciones.

 

Y es así que, siguiendo con la verdad inherente en las palabras del maestro Mahatma Gandhi, “se tu el cambio que quieras ver en el mundo”, las personas deseamos formar parte de dicho cambio y actuamos, a corto o a largo plazo, de forma coherente con ello. Como líderes, como empleados, proveedores, consumidores o legisladores, las personas individuales y nuestra suma colectiva social avanza siempre, aún con titubeos, hacia la evolución y el bien común.

José Luis Montes

“Organizaciones Gandhi: las empresas que están cambiando el mundo”

www.empresasgandhi.com

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