Tus Gigantes y Dragones

Había una vez un personaje pequeñito, pequeñito, pequeñito que uno de esos días en que se sentía infeliz de su pequeñez decidió salir a pasear por el campo.

Un campo en el que se topó de frente con tres gigantes que le amenazaban, y ante los que se sentía disminuir hasta la nada. Con voz temblorosa, les preguntó:

- ¿Quiénes sois, y por qué me amenazáis?

- Somos el Miedo, la Pereza y el Egoísmo, y nuestra misión es hacerte pequeño hasta que tu existencia sea un suspiro carente de sentido

El pequeño personaje se sintió morir, y algo dentro de sí le dijo que aquellos gigantes no le eran desconocidos y que tenían en verdad el poder de borrar su vida, pero no sabía qué hacer, hacia dónde huir ni mucho menos cómo enfrentarles.

Fué en ese desesperado momento que oyó una vocecita sutil y armoniosa, pero muy bajita y como con sordina, que desde sus pies le decía:

- ¡Haznos crecer! ¡Tú tienes el poder de hacerlo, si quieres! ¡Haznos crecer, y nosotros te daremos la fuerza que necesitas para vencer a los tres gigantes!

El personajito, temeroso, desconfiado y sin muchas ganas de esforzarse en emprender una aventura que se le antojaba perdida de antemano, miró con curiosidad al suelo, y vió a cinco pajaritos minúsculos que a coro le pedían “¡Haznos crecer, tú puedes, solo tienes que quererlo de verdad!”.

- ¿Quiénes sóis? ¿Y cómo váis a derrotar, vosotros tan … tan … vosotros tan débiles a esos poderosos gigantes?

- Somos los Sueños, la Pasión, el Amor, la Fe y la Constancia, y eres tú quién nos haces pequeños. Y eres tú también quien haces grandes a esos Gigantes, cada vez que los alimentas. Haznos crecer a nosotros, deséalo de verdad, y nosotros te ayudaremos a convertirlos en seres cada vez más pequeños y manejables.

El personajito, que no solo no tenía nada que perder, pues ya sentía que su vida perdiendo estaba, cerró los ojos y confió … y deseó … y juntó sus fuerzas escasas en la sola dirección de permitir que los pajaritos crecieran y volaran sin límites. Porque algo le decía dentro de él que efectivamente no era otro sino él mismo quien había retenido prisioneros y pequeños a sus Sueños, no
había volcado apenas Pasión en su vida por nada que valiera en verdad la pena, era otro y nadie más quien había empequeñecido la Fe en sí mismo hasta carecer casi por completo de ella, había apartado de sí el Amor por temor a entregarse y
dar, y había fallado en tener Constancia cada vez que algún tímido paso dió en el camino de vivir con pasión, amor y fe un sueño.

Apretó los ojos cerrados y deseó, deseó y deseó, que crecieran y le ayudaran a salvar su vida y …

… los pajaritos se convirtieron en dragones que, volando alrededor de los gigantes, les detuvieron primero, les asustaron después, y les redujeron a cenizas finalmente.

Y es que nosotros decidimos a quien alimentamos y hacemos crecer: a nuestros Miedos, Perezas y Egoísmos, o a nuestros Sueños, Amor, Pasión, Fe y Constancia. Tan grande o tan pequeña puede llegar a ser una vida según sea dominada por
nuestros Gigantes o bien por nuestros Dragones.

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