Llámame optimista

4 Comments

MandelaCierro la semana reflexionando sobre el aniversario de Martin Luther King, sobre la salida del hospital de Mandela, pero también sobre la situación del país, del mundo, sobre el contraste entre aquellos gigantes y estos enanos.

Una de las formas de medir la talla de las personas es pasarle la prueba del algodón de los intereses que mueven sus actos y sueños: quien es verdaderamente grande emplea sus energías en lo colectivo, en algo que le trasciende y que elimina sufrimiento.

Pero no es sencillo discernir qué motivaciones hay detrás, de verdad, de lo que mueve a las personas. Y, desde luego, lo que ellos dicen hay que escucharlo pero no necesariamente creerlo. Estamos rodeados de mediocres que dicen, y quizá hasta se lo crean, luchar por un bien superior cuando lo que hacen es simplemente esforzarse por conseguir bienestar en su pequeño círculo sin ser capaces de renunciar a lo propio en favor de lo justo y colectivo.

Las personas pequeñas pueden acumular poder, pueden incluso aumentarlo sumando otras personas a su alrededor que compartan temporalmente sus personales intereses, pero el futuro no es de ellos porque lentamente a su alrededor las demás personas crecemos. Son un reflejo de nuestra propia talla colectiva y es cuestión de tiempo que nuestro crecimiento les deje fuera de situación y lleguen personas a nuestra nueva altura.

Las personas pequeñas pueden mandar y acumular poder, pero no lideran a las personas grandes. Por eso la clave siempre está en crecer personalmente para ganar talla colectiva. Y, por eso, los líderes pequeños no ponen los medios para que la sociedad crezca. En eso también se distinguen las personas pequeñas de las grandes: éstas anhelan que todos crezcan, incluso por encima de la talla de quienes lideran, pues se saben prescindibles y desean ser superados por el colectivo: la máxima expresión de su triunfo es que la sociedad les trascienda. La gente pequeña eso, simplemente, no lo entiende. Y, por supuesto, no lo desea.

images

Pero tenemos que ganar en capacidad de perspectiva, en paciencia y en constancia. Porque somos demasiado cortoplacistas, impacientes e inconstantes, y así ni vemos ni construimos. Nuestra carencia de libertad y de discernimiento data de hace milenios. Apenas hace un siglo y medio que el bienestar no únicamente se hereda sino que hay posibilidades crecientes de ganarlo. Menos de un siglo que el mundo no solo se divide entre una élite con poder absoluto y la casi totalidad de una humanidad sufriente y sometida. No hace más de una decena larga de años que tenemos acceso múltiple a la cultura y a la información contrastada y no totalmente dominada por el poder. Te propongo que escribas tu visión de la realidad, la guardes, y la leas dentro de veinte años: no saldrás de tu asombro.

Así que todo eso está en los albores y, aunque siempre habrá apóstoles del vaso medio vacío, yo veo que se está llenando. ¿Muy lentamente? Depende. A algunos de los tataranietos de los milenarios esclavos nos parece que se llena a la velocidad que somos capaces de llenarlo y de beberlo, de digerirlo y asimilarlo. No se llena: lo llenamos.

Para los fans del “todo es un desastre”, cada nueva noticia prueba su visión. Para algunos otros nos parece que “cuanto peor, mejor”, porque la omnipresencia de la porquería en la superficie es el paso previo a la labor de profunda limpieza. ¿Hay alguien que limpie debajo de la alfombra sin levantarla? Que se vea, es un esperanzador signo de que aflora. Que indigne, es un signo positivo de que cada vez se tolera menos. Es un proceso progresivo, no un suceso instantáneo. Y hay que tener la paciencia y la constancia necesarias para verlo, reconocerlo y actuar.

Puedes llamarme optimista, si quieres, pues no es un adjetivo que me duela. Puedo, a cambio, darte mil signos y razones que muestran que todo está cambiando. Puedo dártelas, claro, si quieres y si las escuchas de forma activa. Si así fuera, léeme aquí y escúchame allí donde vaya a hablar.

Hay dos formas de generar los grandes cambios: la revolución y la evolución.

La revolución deja atrás víctimas y heridas, la hacen unos cuantos contra otros cuantos, así que es relativamente rápida pero genera una fuerza contraria latente que acaba por provocar una contra-revolución. Destruye los obstáculos aunque los obstáculos sean una multitud de personas. Das dos pasos adelante y, si tienes suerte, solo das uno atrás. Si no la tienes, das tres.

La evolución es la revolución de los pacientes, de los constantes, de los pacíficos: es lenta porque espera a todos para que nadie se quede atrás, camina siempre hacia adelante o, como mucho, da unos pasitos hacia un lado para sortear un obstáculo. A veces, hasta convence al obstáculo de que se ponga a caminar. Parece que no avanza así que muchos dejan de mirarla, de creer en ella, y cuando se quieren dar cuenta la ven allá delante a lo lejos.

Observo continuos signos de que está pasando antes nuestros ojos … llámame optimista.

Recuerda que la física cuántica y los maestros espirituales están de acuerdo en una cosa: allí donde posas la mirada, aquello crece.

4 Responses to “Llámame optimista”

  1. Dani Responder

    Que bueno!!! “se saben prescindibles y desean ser superados por el colectivo”, el fin último del maestro es no ser necesario y su deseo ser superado por los aprendices :) Me han gustado mucho tus reflexiones sobre revolución y evolución, gracias!! Disfruta de un gran día! :)

  2. silvia Responder

    Hola,
    Te escuché por prirmera vez hace unos días en el programa de escola de vida de rne4. Y me pareció muy bonita la entrevista. Así que decidí mirar tu web. Me ha gustado tu reflexión, la encuentro muy interesante… y soy de las que creo que todos tenemos la posibilidad de poner nuestro granito de arena para hacer un mundo mejor…
    saludos,
    silvia

    • admin Responder

      Hola, Silvia! Gracias por tu comentario, por tomarte el tiempo de regalármelo, y por recordarme aquel buenísimo rato que pasamos en el programa :)
      Un abrazo, nos encontramos de nuevo en el camino ;)

Deja un comentario en silvia

Clic para cancelar respuesta.