Ese miope suicidio a cámara lenta …

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Me he sentado frente a la fuente de la naga que hay en el recinto de la
estupa del monasterio budista del Garraf, a contemplar la naturaleza y a
sentirme parte de ella. Siempre siento que eso me hace reconectarme conmigo
mismo, con mi esencia pequeña y, a la vez, inmensa, con mi nada y mi
infinito
.

Una hormiga merodeaba por entre las piedras. La he observado de cerca, y es
claramente muy diferente de mí. Negra, minúscula, llena de patas, no sabe
hablar, ni conducir, ni comer con tenedor. Pero puede levantar varias veces su
propio peso, mientras que nosotros con dificultad acarreamos las bolsas del
supermercado. Y puede encontrar comida a kilómetros de distancia, o volver a su
hormiguero aunque la traslades por los aires muchos metros, y organizarse por
miles para hacer eficazmente una tarea conjunta. Nosotros vivimos mal lejos de
una nevera, nos perdemos sin GPS y a la que somos más de tres nos peleamos.

Tan diferente, pero tan igual, la he mirado y he visto la Vida en
ella
.

No es una máquina hecha por los humanos, ni un objeto inanimado. Está viva,
se mueve, tiene la capacidad de reproducirse dando a luz vida, nace, crece y
muere, se alimenta y enferma … es un ser vivo. ¿Hay varias clases de
Vida?. Yo creo que no
. Creo que hay muchas clases de seres vivos, pero
solo hay una Vida, que nos llena, nos anima y nos une. Desde luego, me siento
más cercano a una hormiga que a una piedra. ¿Por qué será?. Porque, siendo los
tres por fuera muy diferentes, la hormiga y yo tenemos por dentro la misma Vida,
y eso nos iguala.

Quizá algunos sientan que la diferencia exterior es más importante que la
cercanía interior. Puede que, incluso, se sientan superiores. Es tan
viejo como la humanidad eso de sentirse superiores al diferente
que,
además de diferente, era en ese momento en alguna forma más débil. Pasó entre
tribus, entre países, entre razas, entre sexos … y entre especies.

A mi, que creo que la Vida es Vida, me resulta imposible sentirme superior a
nada ni a nadie. Tantas cosas copiamos, y por tanto aprendemos, de la Naturaleza
que lejos de sentirnos dueños de ella y superiores a otras
formas de la misma Vida que nos anima, pienso que deberíamos sentirnos
simplemente parte de ella … y dejar de atentar contra la Vida pues es tanto como
hacerlo contra nosotros mismos. Agredir a la Naturaleza y a la Vida me parece
equivalente a una miope y lenta forma de suicidio, no por común
menos deleznable y carente de sentido.

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